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Historia de la Espiritualidad

HISTORIA DE LA ESPIRITUALIDAD

El poeta Ungaretti escribió en un poema esencial: “Mi tormento es cuando no me siento en armonía” Conscientes o no los seres humanos buscamos armonía y no distintos son los anhelos de la creación entera “que gime con dolores de parto” (Rom 8,22) hasta  llegar a  completa transfiguración.

En la actualidad, el ritmo frenético del vivir puede acabar identificando  la armonía con seguridades económicas, con  reconocimientos sociales y con la perfección estética dejando en suspenso  los delicados equilibrios interiores y el cuidado de la trama relacional.

Muchos años atrás, en el  tiempo de las catedrales y de las largas peregrinaciones, cuando adquirir cultura y abrirse a nuevos mundos era tarea y pasión, Domingo de Guzmán –entre otros – decide poner su vida al servicio de la armonía.

Los desafíos históricos del momento son voces que hablan a su inteligencia y a su corazón hasta el punto que él transforma su vida casi monástica en vida itinerante; los libros fundamentales irán con él, pero más importante será hallar compañeros con quienes interpretar  el libro de la vida, hallar vestigios del Dios amante de la vida y construir “la Ciudad humana” en la Verdad y el Amor.

A Domingo le inquieta que la Iglesia y la sociedad del tiempo marginen, discriminen, excluyan de la historia  –a  las mujeres en primer lugar –  y dejen sin nombre y sin protagonismo alguno  a demasiadas personas.

Entonces, sin derroche, sin autoritarismo, sin arrogancia dialoga: por los caminos, en las posadas donde transcurre la noche, en medio de la gente confundida por la herejía cátara. Otros compañeros se unen a él y para que todos  crezcan en la capacidad de “con-vencimiento” –  que es el arte de escucharse hasta experimentar el gozo de vencer otro poco  la ignorancia -Domingo no duda en franquear las puertas de las universidades  para aprender, para enseñar.

 Y  la familia de Sto. Domingo va acrecentándose con juventud entusiasta proveniente de los grandes centros de estudio de Alemania, Italia, Francia, mientras que muchas  mujeres oprimidas por los herejes pasan a vivir en monasterios que Sto. Domingo cuida y hace crecer con su robusta espiritualidad.

Sobre estas raíces españolas y francesas, la Familia Dominicana ha crecido a través de los siglos incorporando cada vez más a las mujeres en su misión específica de anunciar el Evangelio como Buena Noticia para la vida de todos como camino de  libertad y de  dignidad.
El campo de la educación ha sido entonces y sigue siendo una dimensión importante para Dominicos y Dominicas, porque brindando a las nuevas generaciones la oportunidad de conocerse y de conocer, se los habilita para superar las nuevas herejías. Las antiguas mortificaban indebidamente el cuerpo, las nuevas esclavizan el alma y exaltan  el placer de los sentidos en lugar del sentido de la vida; la búsqueda narcisista en lugar de la trascendencia en el amor arrastrando hacia mundos inquietos y frustrantes, exiliado de la armonía.

Un grupo de Dominicas italianas que desde el 1836 habían  apostado a formar maestras para el norte italiano luego del despojo napoleónico – concluido el  periodo de las  guerras mundiales con las consecuentes migraciones hacia el Nuevo Mundo –  decide acompañar a sus migrantes y ofrecer su servicio educativo en las periferias de Buenos Aires.

De esta intuición nace la Escuela “Virgen de la Gruta”, cuando el Parque San Martín empieza lentamente a poblarse y junto con la construcción de las viviendas es indispensable construir la comunidad, las relaciones y una nueva cultura.